Thursday, April 03, 2008

Viaje a Marruecos (por Paco Sánchez)

Por fin, durante la pasada Semana Santa, el club Líjar Sur organizó el tan esperado viaje a Marruecos que nos llevó a doce de los miembros del club a recorrer casi 3.000 km del país africano.


La idea: combinar en un mismo viaje turismo, experiencia con amigos, conocer otra cultura y, por supuesto, volar en parapente.


Nos gustaría transmitiros como ha sido esta aventura, aunque para entender como es el país y su gente tendréis que apuntaros al próximo viaje ;-)


Aquí tenéis un resumen:


Partimos el sábado. Después de un desayuno con churros en un bareto de Tarifa nos dirigimos al muelle para embarcar. Nuestro amigo Manolo conocía a todos los currantes del puerto, así que nos colaron para poder ser los primeros en bajar del barco y de esa forma no perder tiempo en el muelle de Tánger.
Al desembarcar, comenzó la aventura: A "Tito Walter" no lo dejaban pasar, la foto del pasaporte era igual a la de un nazi fugado de Alemania tras la II Guerra Mundial y eso debió crear recelo en los policías marroquíes...
Cuando comprobaron que no era tal, lo soltaron y pusimos rumbo a Fez, la ciudad espiritual de Marruecos.


En el camino, una parada a comer: primer contacto con la gastronomía Marroquí, bocata de patatas fritas con pescuezos de pollo a la brasa.
Pasamos la noche en un Hotel céntrico de Féz y al día siguiente, turismo por la Medina. Finalizado el maravilloso paseo, partimos hacia Merzouga, la "Puerta del Desierto".


Llegamos al desierto de noche, justo a la hora de la cena, y tenían una gran mesa preparada para nosotros. En Marruecos el alcohol, teóricamente, no debería ser fácil de encontrar, pero llevábamos nuestro propio habituallamiento. Así, que tras la cena, salieron unas copas... ¿quizás por arte de magia de una lámpara con genio dentro?



Aventura con los 4x4 en las dunas de arena: el dueño del albergue donde dormíamos nos acompañó hasta la Gran Duna para intentar volar. Una vez allí, se marchó…¿? y cuando decidimos volver comenzó la aventura de nuevo: nuestro amigo "Perico" (Alias Pete, el guiri), se peleó junto con su Land Rover contra las dunas. Estuvimos dos horas atascándonos de duna en duna hasta que apareció un morito montado en una Mobilette y nos salvó de pasar la noche en la arena. El fuerte viento que soplaba nos jorobó la idea de volar. Pusimos rumbo a un poblado de africanos bereberes que nos deleitaron con canciones y bailes populares. ¡ Terminamos bailando todos!



Al día siguiente nos dimos un madrugón para ver amanecer en el desierto. Y para ello, ¿qué mejor que una excursión a camello?... salimos del desierto con pocas ganas de irnos de allí, y con "el orto" un poco magullado por lo dros lomos de los camellos.

500 km en coche por carreteras marroquíes más tarde, llegamos a Marrakech, con un poco de estrés por el caos circulatorio de esta ciudad. Definiros nuestro alojamiento resulta un poco complicado... digamos que era “sencillo”. Pero eso si, estaba en el centro de la Medina de Marrakech. Cenamos en su famosa plaza de Gena, atiborrada de puestecillos donde puedes comer casi de todo, si dejas tus costumbres occidentales a un lado.
Al dia siguiente los pilotos decidimos ir a volar a Agergour…, el resto del grupo se quedó haciendo turismo en la ciudad. En el camino nos clavaron un multazo por correr, tras una charla con los gendarmes, se quedó en 200 Dr.



Llegamos al despegue, y el viento estaba fuerte y frío. Han montado una especie de "chiringuito" arriba, así que pudimos tomar un té calentito, hasta que bajó el viento y pudimos volar. Al principio todos decían "el primero en despegar será Paco", pero cuando el viento se puso bién, todo Dios corrió a por los parapentes y se fueron pitando.. Si me descuido nos quedamos todos tiraos en el aterrizaje, así que me quedé en el despegue y organicé la recogida. Este fué nuestro primer vuelo del viaje, que tuvo como triunfador a Manolo de Tarif, con dos horas de vuelo. Bueno….. ya no hubo manera de hablar con él de otra cosa durante el resto del viaje.

Desde Marrakech, partimos a la playa. Dormimos en Agadir. En el camino, paramos en una impresionante ladera frente al mar. Mala suerte; viento muy cruzado. Otra vez será...
Llegamos al Hotel, apartamentos para cada cuatro. Compartimos sueños.




A la mañana siguiente, decidimos ir a volar a Tizni pequeño pueblo de pescadores. En este pueblo conocimos a un lugareño que volaba con un Meteor de ITV de los años de la Polka.

Volamos hasta la puesta de sol sobre los acantilados, con el Atlántico rompiendo a nuestros piés.

Al día siguiente, nos fuimos con destino "El Nido del Águila", otra impresionante ladera frente al mar. Después de esperar a la tarde a que bajase el viento pudimos disfrutar de más de dos horas de vuelo, una pasada.



Esa noche, cena de despedida. Hubo obsequios para todos de parte de nuestro gran amigo Alvarito, ‘la esencia del viaje’.

Domingo 23, 5:00 h. de la mañana: cargamos los coches, destino Tánger. 800Km.

Llegamos sobre las 18:00 h. y nos encontramos con la única mala experiencia del viaje, "overbooking". Algunos embarcamos a las 3.30 h. de la mañana otros a las 5:00 h. Un palizón en toda regla.

Conclusión del viaje: Un grupo impresionante, divertido, amistad y grandes vuelos. Repetiremos seguro.

Esta clarísimo, que este viaje ha servido para que tengamos ganas e ilusión en organizar otros muchos viajes, no solo a Marruecos. El mundo esta lleno de lugares muy bellos. No tardaremos mucho en comenzar de nuevo la aventura

Tuesday, January 01, 2008

Ruta en paramotor Dos hermanas-Isla Cristina

RUTA EN PARAMOTOR DOS HERMANAS (SEVILLA) - ISLA CRISTINA (HUELVA)
o cómo volar 134 kilómetros con amigos.
Por jota.


Sebastián y Miguelito ya llevaban tiempo detrás mía y de Paco -"ey, ticher... ¿cuándo nos vamos a hacer una ruta guapa con los paramotores?"- Los chicos estaban ya hartos de sobrevolar su costa marbellí, y tenían la idea de saltarse la Sierra de las Nieves volando desde Algodonales hasta San Pedro...

No encontrábamos hueco para dedicarle unos días a la excursión, pero a mediados de diciembre pasado casi improvisamos uno para, al menos, volar juntos.

Los móviles empezaron a currar:
-" ey, sebas... mañana parece muy bueno... vientos flojos de NE... ¿nos vamos o qué?"-
-"cheee... pos claro tiiio..."-
-"vale... ¿a dónde quereis ir?"-
-"a mi me da iguaaal... donde vos digais. El miguelito ha dicho en el trabajo que está maaaalo... y Alejandro fiiijo que se apunta, así que sho compartiré mi motor él y liissto"-
-" vale... voy a ver"
Sobre el Google Earth pincho el puntero en Dos Hermanas, y le tiro dirección SW, a ver hasta dónde podemos llegar... y acabo viendo en el mapa Isla Cristina, en la costa onubense, justo antes de la frontera con Portugal.
Son 134 km y estaría superchulo llegar a la playa... comprobamos que no sobrevolamos el Parque de Doñana... (bueno, un cachitín de nada, de refilón)... y listo. Busco punto de repostaje en la mitad: Almonte... ¡que caña esto de internet, joén!.. puedo hasta elegir el campo de aterrizaje desde la foto satélite... que modernos ...


Con todos los equipos preparados, un pequeño brefing para explicarles los planes junto a unos cafés y tostadas con jamón, despegamos sin novedad desde el campo de Dos Hermanas. Sebas condúce hasta Almonte y allí cambiará con Alejandro, para poder volar los dos.

El tiempo estaba cojonudo: sol, no demasiado frío, viento suave y nada de turbulencia... tras sobrevolar el río Guadalquivir a su paso por Coria, tomamos rumbo directo a nuestro primer punto de destino.

Unas horas antes, habíamos estado con Clemente y Darío.

-"Le vamos a tirar hasta la playa... Isla Cristina"-
-"ah, muy bueno... ¿vais a ir siguiendo la autopista, no?"-
-"¿la autopistaaa?... tio, tenemos unos chismes que vuelan.... vamos a ir en linea recta"-
-"jajaja... ya vereis como se os pare el motor sobre los pinares..."-

Bueno, tampoco era para tanto... sobrevolamos algunos mares de pinos, sí, pero siempre con alternativas de aterrizaje... pero lo mejor de este tramo de viaje fue el paisaje. Volábamos entre 150 y 250 metros de altura, y a unos 43 km/h de velocidad.

En una hora y media más o menos llegamos a Almonte, punto de repostaje. No veíamos a Sebas, así que dimos unas vueltas por el pueblo y al final aterrizamos junto a unas naves en construcción. Las radios no habían funcionado muy bién, y sólo Alejandro podía contactar con Sebas.
Al poco aparaeció el flaco, feliz como siempre y deseando de volar su turno.

Apareció un hombre que se nos presentó como el presidente del aeroclub de Almonte... la verdad es que teníamos prisa por seguir y no le hicimos mucho caso al hombre, que estaba ilusionado de encontrar colegas aéreos en su pueblo... si lee esto por casualidad, mis disculpas.

Gasofa a los tanques y al aire de nuevo... directos al puerto de HUelva, que ya se veía a lo lejos.

Miguel y yo manteníamos una altura relativamente baja... pero Sebas iba altísimo y alejado de nosotros. Al llegar a la playa iba tan adelantado y alto que temía que se perdiera y se pasara de largo hasta Portugal... saqué mi radio de la riñonera y le llamé:
-"Sebas... estamos en la playa... detrás tuya..."-


Reunidos de nuevo, nos bajamos los tres a sobrevolar rasante la playa, que estaba solitaria, jugando a hacer "el patito" en la arena y disfrutando del final de la tarde hasta que encontramos a Alejandro, haciéndonos señas desde una pequeña duna.
La frase de Sebas lo resume todo...
-"eh, tiiiicher... que bueeeeenoo"-
¡Hasta la próxima... que habrá más!












Tuesday, September 04, 2007

Viajes de Verano

Como buenos imitadores de aves que somos, cada verano emigramos a otras tierras, buscando otros aires, otros paisajes y otros sitios donde volar...

El verano es duro aqui en el sur: mucho calor, todo está seco y el campo se llena de cardos y pinchos... es tiempo de moverse al norte.

Este año fuimos a visitar a nuestro viejo amigo Sylvain, un francés peculiar que pasó un año entre nosotros, compartiendo vuelos y juergas nocturnas... nos invitó a su pueblo, Montpelier, cerca de Lyon, en plena Francia.

La fiesta en casa de Sylvian fue interesante... nos comimos un cerdo entero, hicieron pan y otras miles de empanadas y tartas en un horno de piedra tradicional. Los quesos franceses nos encantaron.

Allí encontramos también a Michel, otro piloto de parapente que conocimos en España, amigo de Sylvian, y que se unió a nosotros para ir a volar los días posteriores.

Tras unos días disfrutando de la tranquila zona rural de Montpelier nos montamos todos en el "cañonero" y comenzamos nuestra visita a algunos de los míticos lugares de vuelo franceses.

Necesitaríamos años para recorrer todos las zonas de vuelo de Francia, así que escogimos la zona de Annecy y nos centramos en ella y sus alrededores. Aqui todo es verde, hierba, lagos y montañas... esperas que en cualquier momento, aparezcan Heidi y Pedro corriendo con tras las ovejitas...

Con la inestimable ayuda de Sylvian y de Michel, que nos guiaron por tres o cuatro zonas de vuelo distintas, pasamos unos días muy buenos.


Cada día, literalmente cientos de pilotos sobrevolaban las distintas montañas alrededor del valle y del gran lago. Nunca he visto tantos biplazas juntos... alllí son toda una atracción turística y no paran. ¡Puedes contratar hasta un vuelo acrobático! Los tíos hacian SATs, barrenas hasta el suelo y wingovers con los pasajeros...
En resumen, un lugar ideal para vaciones de verano, y para volar en un entorno idílico... lo malo, es que es algo caro... pero...